La Universidad Popular de Avilés cumple 25 años y se acerca a una media de 4.000 alumnos cada año
No puede haber tarta para tanta gente. Tan sólo invitando a los alumnos habría que contar con casi 4.000 raciones para que cada uno de los asistentes a alguno de los talleres de Aulas Populares de Avilés (AUPA) pueda tener su merecida parte en la celebración. Y eso si limitamos la fiesta al último año. Y es que la iniciativa pensada para cubrir la demanda de formación no reglada en Avilés alcanza este año sus bodas de plata, veinticinco años desde la sesión original en la que se reivindicó el legado de la extensión universitaria de principios del siglo XX a la actualidad. Un camino donde algunas materias se han caído, otras entraron y se avanzó en la descentralización.
El inicio de AUPA se debe al que fuera concejal de Educación en el Ayuntamiento de Avilés, Román Antonio López. Se incorporó al pleno en el mandato 1999-2003 y uno de sus grandes logros fue el impulso al servicio de Educación. En su radar, además de la formación reglada, figuró desde un primer momento la necesidad de responder a las demandas formativas para personas que ya habían concluido su vida académica. Las motivaciones podían ser muy variadas: desde actividades culturales para el tiempo libre a complementos de la actividad profesional o los primeros pasos para un posible cambio profesional.
La primera edición de AUPA (entonces sólo Aulas Populares de Avilés) arrancó el 21 de marzo de 2001. Comienza una primera etapa que concluirá en 2004 cuando se firmarían dos acuerdos que reforzarían el proyecto. El primero sería la inclusión en la Federación Española de Universidades Populares que modificaría el nombre pero no la sigla: Aulas de la Universidad Popular de Avilés. Y también se firmaría un acuerdo de colaboración con la Universidad de Oviedo que permitiría poner en marcha el Programa Universitario para Mayores (PMUO) en Avilés y permitiría contar con seminarios impartidos por docentes de la Universidad de Oviedo junto con talleres del personal de Aupa. Los alumnos que alcanzasen los objetivos logran el correspondiente diploma de extensión universitaria.
En el año 2013, Aulas Populares vivió otro de sus hitos con la inauguración de la Factoría Cultural de Avilés, convirtiéndose en su cuartel general, aunque no el único. En sus inicios, esa base se concentró en el Colegio Público Marcelo Gago, además de disponer de una serie de subsedes en todo el concejo dentro un espíritu de descentralización que ha mantenido siempre. Sin embargo, esa sede ofrecía limitaciones por la convivencia con la actividad educativa reglada. De ahí que se trasladase durante un corto periodo de tiempo a la antigua plaza del Pescado y, posteriormente, a la Factoría Cultural, además de diferentes ubicaciones por todo el concejo: Centro de Servicios Universitarios, las antiguas escuelas de Alto Vidriero, el Centro Cívico de Los Canapés y el Colegio Público Palacio Valdés.
Los contenidos se enmarcan en diferentes campos: comunicación social, habilidades artísticas y artesanales, Naturaleza y Medio Ambiente, Patrimonio Gastronómico, Nuevas Tecnologías de la Imagen, entre otros. Se concretan en diferentes cursos cuya continuidad viene dada por la respuesta de los alumnos. Las clases de zumba, aeróbic o los talleres de pintura son fijos donde siempre se cubren las plazas. La llegada de la Inteligencia Artificial ha motivado las primeras incursiones en el campo; la oferta de idiomas es un clásico que siempre tiene modificaciones.
«La incorporación de nuevas especialidades y la continuidad de la oferta se supedita a la petición del alumnado», explica la concejala Yolanda Alonso, responsable de Aupa. Alonso elogia la «fidelidad» del alumnado, puesto que no son pocos los que suelen repetir o van rotando por diferentes materias. «Aupa es una gran familia. Su importancia no tiene sólo que ver con la formación a lo largo de toda la vida, resulta terapéutico para muchos participantes, se favorece el diálogo intergeneracional. Es un espacio de encuentro muy importante para Avilés donde muchas personas encuentran en estas actividades una forma de responder a sus inquietudes».
Fuente: El Comercio